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Jesús Pérez Triana: “Los militares miran con mucha suspicacia y con un lenguaje corporal muy negativo”

El pasado lunes 19 de diciembre UEMCOM Radio entrevistó a Jesús Pérez Triana, conocido bloguero y escritor del libro Guerras Posmodernas. Pérez Triana ha acudido a la Universidad Europea de Madrid para dar una conferencia a los alumnos del grado de Relaciones Internacionales. Jesús Pérez Triana es analista de seguridad y defensa, especializado en la transformación de los conflictos armados. Ha publicado artículos de análisis y opinión en medios especializados como la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad y en el portal de noticias Infodefensa.com. Como conferenciante ha sido invitado a presentar ponencias ante el Senado español o las Fuerzas Armadas y ha participado en foros especializados. Es autor, asimismo, de comunicaciones en diferentes congresos académicos.

Carmen Zamorano.

Jesús Pérez Triana y Carmen Zamorano

Pregunta: ¿Me dejo algo…?

Respuesta: … Publicaciones académicas de perfil actual, aunque últimamente me estoy adaptando a África Occidental y abriéndome camino en América, intentando aplicar el modelo que empleé en Guerras postmodernas a escenarios concretos.

P:¿Cómo surgió la idea de hacer un blog sobre los conflictos armados?

R: Yo empecé como estudiante canario, solitario en Madrid, escribiendo un blog, como todos, porque llegas a un sitio nuevo. Llegó un momento en el que me di cuenta de que iba introduciendo temas en los que verdaderamente estaba interesado. Fui dejando la parte personal, fue poco a poco. De repente, convertí el blog en una idea, como un cuaderno de notas, de borradores, de las cuestiones académicas que iba luego trabajando en el libro (de hecho, el libro se llama como el blog por todas las cosas que se me iban ocurriendo) transformándose además en una escuela de escritura (algo que recomiendo mucho porque, aunque el lenguaje y estilo sean siempre muy diferentes al de un artículo periodístico o de un artículo académico, es una herramienta genial para ordenar ideas, para contactar con otras personas que estén interesadas en los mismos temas y establecer un diálogo).

P: ¿En qué se diferencian los conflictos del siglo XXI de los de los siglos anteriores?

R: Precisamente esa fue una de las primeras cosas que tuve que explicar por lo de «posmodernas» que quiere decir «lo que viene después de la modernidad». Las guerras modernas se caracterizan fundamentalmente porque el elemento central es el estado, el estado-nación, los países.

Desde que aparece progresivamente el estado en la transición de la Edad Media al Renacimiento, el concepto (que aparece ya con la Revolución Francesa), el elemento cumbre, siempre fue el estado-nación. [Aparecen] las guerras entre los estados y movimientos que intentaban apoderarse de [ese] estado: guerras civiles, movimientos independentistas… En esa transición está sucediendo que, de repente, empiezan a aparecer «actores no estatales» que a veces no están necesariamente anclados en un territorio. El ejemplo más fácil de entender es el contraste de la Guerra Fría (que fue una competencia entre dos grandes potencias, dos grandes países con armas nucleares) y lo que pasó ya después del 2001: una guerra global contra el terrorismo. EE UU, la potencia única y hegemónica, se enfrenta a una red de terroristas difusa, descentralizada, no anclada a un territorio.  Por ejemplo, en México hay una violencia y un conflicto armado patente entre una serie de organizaciones criminales que ya no pretenden tomar el poder. Ya no hay una ideología, se empieza a entremezclar lo que es «criminalidad organizada» y «conflicto».

P: Hemos comentado anteriormente que has sido invitado ante el Senado y las Fuerzas Armadas, cuéntanos, ¿cómo fue la experiencia y qué repercusión esperabas de ellas?

R: [Se ríe]. Empezaré por la segunda, las Fuerzas Armadas. Yo presenté mi libro ante todo lo que era la oficialidad de la brigada de Infantería de la Marina y fue una experiencia bastante dura. Lo digo por mi ignorancia, porque yo no sabía que los militares miran con mucha suspicacia y con un lenguaje corporal muy negativo [entre risas]. Según iba avanzando la conferencia tenía la sensación de que todos aquellos militares, que habían estado en misiones internacionales (Irak, Afganistán, El Líbano o Haití) y habían visto la guerra con sus propios ojos, me estaban intentando transmitir la idea de que no se creían absolutamente nada de lo que les estaba diciendo. Cuando terminó la conferencia, esos mismos militares, algunos de ellos que me miraron con una cara muy mala, se me acercaron, me felicitaron, me dieron las gracias, me dijeron que les había parecido interesantísimo. Yo estaba como un flan y aprendí a partir de entonces que, cuando uno habla con los militares, su actitud es simplemente un lenguaje corporal que aprenden.

La cuestión es que empecé a colaborar con revistas, también académicas, del Ministerio de Defensa, a escribir artículos. Creo que de ahí han salido, y van a salir, cosas interesantes, porque ahora mismo, con la crisis, el Ministerio de Defensa va a hacer evidentemente unos recortes (ahí hay un debate sobre dónde se va a recortar y qué es lo que necesitan). He estado escribiendo cosas que, por mi propia vinculación con la Infantería de Marina española, voy explicando e intentando hacer un poco de lobby [risas]: justificar que es importante la Infantería de Marina sobre otras unidades de las fuerzas armadas; hace falta una Infantería.

En cuanto a lo del Senado, fue un momento muy concreto: cuando surgió el tema de las empresas militares privadas. Ese tema fue  incluido en unas jornadas sobre privatización. La verdad es que en aquel entonces me dio la sensación de que era un mundo prometedor, parecía que se iba a gestionar mucho mejor los recursos con estas privatizaciones, pero de repente tres años después (yo fui en el 2008), quedó todo… Por aquel entonces fui con ilusión, en la privatización se abría un mundo de posibilidades y, aunque parezca extraño, hay determinadas cosas que se podían gestionar muchísimo mejor de forma privada en una serie de cuestiones de la seguridad y la defensa. Entre otras razones,  porque las fuerzas armadas no dejan de ser una burocracia enorme y, a veces, hay cosas muy puntuales que se necesitan y que las empresas privadas podrían haber suministrado. La verdad es que en España se ha evolucionado. Hay  infraestructuras, cosas muy concretas, por ejemplo, en la lavandería o que los soldados no están pelando patatas en los cuarteles, porque eso ya está externalizado, pero me quedó una sensación agridulce, con la perspectiva, de la conferencia en el Senado.

P: ¿Qué papel representan los medios de comunicación en las guerras modernas?

R: Importantísimo, eso es uno de los elementos fundamentales. Hablaba de la emergencia de los «actores no estatales», también habría que hablar del estado fallido. La figura del estado no deja de ser importante solo porque aparecen estancias superiores (como son los organismos internacionales, la UE y alguna más), mientras, por otro lado, los estados fallan, pero de una forma transversal. De alguna forma, hoy en día, los medios de comunicación, que informan y que crean la opinión pública, se convierten en un elemento más, en un campo más de batalla. Llega un momento en el que lo que pasa en el campo de batalla es intranscendente. Lo importante es la impresión que tiene la opinión pública, es decir, puedes tener unas fuerzas débiles, no ser fuerte, pero eres capaz de hacer algo que ante los medios de comunicación genera un impacto. El ataque contra las Torres Gemelas puede ser algo evidente, pero hay algunas cosas más importantes que vienen ya con la aparición de los medios de comunicación. Por ejemplo, en la guerra de Vietnam, la guerrilla comunista de Vietnam del Sur lanzó una ofensiva general en el año 1967, ofensiva que fue un fracaso, pero todos los televidentes estadounidenses que estaban viendo la tele (que pensaban que aquella guerra lejana que se estaba ganando) vieron un día cómo la embajada estadounidense en Saigón (capital de Vietnam del Sur) estaba siendo atacada. Es como si hoy en día viésemos por la tele a Kabul, y nos dicen que la guerra está más o menos acabada, pero, de repente, los talibanes toman un edificio. Entonces eso generó en la opinión pública [la idea de] que aquella guerra no se estaba ganando y que aquella guerra era un lío, que mejor había que retirarse. La ofensiva del Tet (Vietnam del Sur) fue un fracaso militar, en cambio, se convirtió en el punto de inflexión en la opinión pública estadounidense. Hoy los medios de comunicación y opinión pública son un elemento más del campo de batalla, donde se combate con información, ideas, con mensajes: un campo de batalla fundamental.

P: ¿Y las redes sociales?

R: Antes para que a ti (que estas en un país perdido) te saquen en las noticias tenía que ir alguien con una cámara al hombro y, entonces, era importantísimo el papel de mediación que tenían los medios de comunicación. Eran los intermediarios. Cuando estaba la guerrilla de Fidel Castro en las montañas tenía que ir la cámara, subir hasta allí en un burro, utilizar sus contactos para llegar a Sierra Maestra y hacerle fotos. Hay un fotógrafo español, Enrique Meneses, periodista, que hizo el gran reportaje de su vida y vendió las fotos. Hoy, con las redes sociales, tú estás arriba, con las guerrillas, y te grabas con la cámara del móvil, con la cámara digital, y se lo das a tu amigo que va al cibercafé, lo enchufa; ya has roto la intermediación. Ya cualquier guerrilla o cualquier grupo es capaz de lanzar mensajes a la opinión pública, y eso tiene dos efectos: primero, la vida de los periodistas vale mucho menos en los campos de batalla ya que antes ellos eran a los que tenías que proteger para que te llevasen la crónica y te dejasen bien (hoy ya no hace falta, es más, posiblemente si eres una guerrilla olvidada, que nadie conoce, y secuestras a algún periodista, ahora sales en la tele); y la segunda es que los medios de grupos no estatales han convertido también las redes sociales (Internet, Youtube, las páginas web y demás) en un elemento importante.

Cuando hablamos de que los medios de comunicación son un campo de batalla, pues Internet, la opinión pública, las redes sociales son también un lugar donde se desarrollan las guerras. Gracias a ellas desde tu ciudad, a través de las redes sociales, puedes sentirte parte de un grupo, compartir ideas e información. Te sientes parte de algo captando información. Hay muchas bombas que han sido fábricas con información captada desde Internet. Ya no hace falta ir a Afganistán a un campamento si tienes las redes sociales para informarte y adoctrinarte.

P: Para terminar, me gustaría destacar unas palabras que he podido leer en su blog sobre su libro: «A veces un libro, es mucho más que un libro, es parte de una vida», ¿este es su caso?, ¿en ambos libros?

R: Los siete años que pasé viviendo en Madrid están muy vinculados a la escritura del libro. Yo aterricé en Madrid, vine para estudiar los conflictos en el mundo en desarrollo, me pilló  el 11M. Eso me dio un vuelco porque todo lo que yo veía como muy lejano estaba sucediendo a quince minutos de mi casa. Coincidió también con el momento en el que yo estaba escribiendo el blog, empezado un poco antes del 11M. Puedo hacer un paralelismo de todas las cosas que han ido pasando en mi vida y las cosas que se fueron volcando en el libro. Y el libro se presentó justamente cuando, a los pocos meses, me fui a vivir de Madrid a Argentina. El blog es muy personal porque, al fin y al cabo, pero dejé de hablar de cosas personales aunque creo que hay mucho de mí en lo que yo escribía, en mis preocupaciones, lo que sale reflejado en el blog y en el libro.

P: Jesús Pérez, muchas gracias. Esperamos  que vengas otro día a la Universidad Europea de Madrid y a UEMCOM Radio.

R: Encantadísimo por la invitación, muchas gracias.


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