Los cristianos expulsan a los judíos del Teatro Alcázar

>> El Mercader de Venecia ocupa el Teatro Alcázar desde el 17 de marzo y, una vez más, los espectadores madrileños pueden disfrutar de un texto de William Shakespeare en versión de Rafael Pérez Sierra. Fernando Conde, Marta Hazas y Manuel Regueiro protagonizan las historias entrelazadas del judío Shylock y el odio acérrimo que siente por el mercader Antonio; la larga espera de Porcia y los misteriosos cofres que la salvan de los que la pretenden y que llegan a Belmonte en procesión; los deseos escondidos de Yesica, la hija de Shylock, hacia Lorenzo; la lucha entre el bien y el mal, el amor y el odio, el placer y el sufrimiento. Todo esto se palpa en las butacas del Alcázar gracias a un gran trabajo de los protagonistas que, bajo la dirección de Denis Rafter y con un precioso vestuario de Pedro Moreno, consiguen que los espectadores degusten una magnífica obra de teatro. Fernando Conde y Manuel Regueiro nos descubren algunas claves.

Rosa María Mateos y Javier Gutiérrez.

Un momento del Mercader de Venecia en el Teatro Alcázar

P. Fernando ¿cómo definirías el personaje de Shylock?

R. Como un de los más hermosos del teatro clásico, sin duda.

P. ¿Cuál es la historia?

R. La obra está ambientada en el Renacimiento veneciano y muestra la situación en la que se encontraban los judíos en aquella época. Porque a España se le atribuye la primera expulsión de los judíos de un territorio, de un país, pero primero fueron expulsados en 1390 de Francia, en 1412 de Escocia y Shakespeare sitúa esta comedia romántica-drama en la Venecia de 1470. Y en esa época el pueblo judío estaba machacado, vilipendiado, oprimido y Shylock reacciona y se defiende ante un poder establecido, que es cristiano y que está en manos de los mercaderes. Además, Shylock es un hombre culto e inteligente que tiene muchas cosas que contar, y que naturalmente se revuelve y se defiende ante lo que considera una injusticia.

P. Manuel ¿es una situación la que vive el judío?

R. Bueno, mi personaje, Antonio, es un tipo muy respetado en la sociedad veneciana y con mucha influencia en el poder establecido y aunque es un buen hombre sólo lo es con sus iguales y no con los que él considera inferiores.

P. Vuestros personajes están enfrentados y se procesan un odio ancestral.

R. (Fernando) Así lo escribió el autor y es nuestra obligación trasladarlo así a los espectadores. El odio, la venganza, el rencor son propios de los dos personajes porque así lo quiso Shakespeare. Mientras Antonio es muy respetado en la sociedad, mi personaje, Shylock, es apartado continuamente de los ambientes sociales.

P. Manuel Regueiro se acaba de incorporar a la obra. Habéis renovado casi la mitad de la compañía ¿cuáles son las sensaciones?

R. (Fernando) Manuel se ha integrado al reparto en sustitución de Juan Gea a principios de Febrero –el libreto le llegó en Diciembre- y está a la altura de las circunstancias. Está haciendo su Antonio, no está sustituyendo a nadie, Manuel hace un Antonio lleno de sentido, sentimiento y de entrega, no sólo al proyecto sino también por lo que supone representar un Mercader de Venecia en Madrid. Porque no olvidemos, cuidado, que Manuel debuta en Madrid y hacerlo con Shakespeare es todo un reto. Se la juega y se la juega muy bien, con sobresaliente.
(Manuel) Es un lujo poder contar con la confianza de Fernando para hacer este personaje y desde luego los compañeros están siendo estupendos conmigo. Y tener a gente como Fernando o José Hervás, entre otros muchos, claro, hace mucho más fácil trabajar, debutar y hacerlo bien.

P. ¿Cuánto cuesta poner una obra de esta categoría en cartel? Porque recordemos que la producción corre a cargo de Darek Teatro y que la compañía es de Fernando Conde.

R. Es un esfuerzo grande, no cae duda. Se trata de un espectáculo ambicioso, he tratado de rodearme de lo mejor, del mejor escenógrafo, del mejor figurinista, del director que yo creía que era el más adecuado; el versionista Pérez Sierra es de lo mejores que hay hoy en día. Y los actores tiene una gran calidad que además es gente humana, cercana, que se involucra, que se apasione, que tenga ilusión, que tenga amor por el teatro. Y eso es de lo que se trata. Y eso requiere una serie de sacrificios, en un coste económico alto porque es un espectáculo caro y la ayudas sólo han llegado a un 10 por ciento del coste total. Y eso en la vida personal requiere ciertos sacrificios y renunciar a ciertas cosas pero uno ya ha vivido en otras ocasiones en la abundancia y ahora toca estar en casita y privarse de algunos caprichos. Pero al final, nada cuesta porque el teatro es el teatro y es maravilloso.

P. ¿Qué público acude a veros?

R. Hombre, lo cierto es que el público está preparado porque la gente sabe qué va a ver. Es Shakespeare y el público suele ser maduro. Aunque hemos tenido experiencias con colegios, concretamente en Valladolid, con chavales de 14 a 16 años y la reacción nos dejó a cuadros, la verdad. Lo captan todo, se entregan. Y ahora en Madrid, cuando venga las vacaciones vamos a intentar trabajar con colegios.

P. Manuel ¿qué sensaciones tienes en tu debut? ¿Cómo te sientes?

R. Estoy encantado. Reconozco que al principio da un poco de susto porque es una obra de Shakespeare, delante de gente tan experimentada como Conde o Hervás, pero también da mucho gusto hacerlo, se pone mucha ilusión, pelearte con Shylock cada día agota y yo salgo agotado del teatro. Pero es un placer por la generosidad de todos mis compañeros me ayuda a hacer mi papel como creo que lo estoy haciendo. Bien. En cada función hay cosas distintas, cada día descubres algo que puedes mejorar, miradas, momentos, escuchas. Y desde arriba ves las reacciones del público en momentos cumbre y es un placer disfrutar de la cercanía de las tablas, del espectador.

P. Bueno, habéis empezado hace unos días ¿hasta cuándo estaréis en el Teatro Alcázar con este Mercader de Venecia?

R. No tenemos fecha final. Nuestra intención es estar hasta el 21 de junio pero si hay posibilidades de veranear en Madrid, que últimamente tiene un verano muy atractivo, pues estaremos encantados. Dependemos del espectador. Así que estamos en vuestras manos y en la del público que ordena y manda y decide qué quiere y qué no quiere ver.


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