Cambio de rumbo

Las elecciones autonómicas y municipales han llegado a su fin, con una marea azul del Partido Popular que ocupa casi todo el panorama nacional, a excepción de Asturias y País Vasco, único lugar donde los populares no fueron la fuerza más votada. Pero el resultado más importante de este 22-M es sin duda el descalabro sufrido por el PSOE en toda España, donde la crisis económica y la gestión del ejecutivo nacional han jugado un papel fundamental a la hora de castigar a los socialistas.

Daniel Lobo Ojeda

Nunca en la historia de la democracia el PP había conseguido superar en diez puntos de porcentaje de votos a su máximo adversario, donde con un 27% de los votos totales se ve claramente la pérdida de confianza por parte de sus

Foto: flickr. com (Partido Socialista)


seguidores. La victoria sin parangón, del partido liderado por Mariano Rajoy, ha consolidado sus resultados de las últimas elecciones autonómicas, superando barreras nunca vistas, al lograr la mayoría absoluta en Cantabria, en Castilla La Mancha, donde nunca habían gobernado, además de convertirse en el partido más votado por los electores en regiones históricamente socialistas, como Extremadura y Andalucía.

El PSOE ha perdido la confianza de sus votantes, cediendo más de un millón y medio de votos que hace cuatro años. El electorado de izquierdas ha ajusticiado al gobierno de Zapatero por la precaria situación del empleo en España, además de la crisis que ha azotado a todo el mundo, y que el ejecutivo socialista no ha sabido encaminar de la mejor manera posible. Reaccionando tarde y mal, sin reconocer algo que era un hecho, con medidas conservadoras propuestas por la oposición, y que no han satisfecho ni a muchos militantes ni a la sociedad en general.

España está viviendo un cambio de ciclo político, ya que aunque aún faltan diez meses para las elecciones nacionales, Rajoy ha exigido ya el adelanto de los comicios generales para el próximo otoño, argumentando que el gobierno no se sostiene. Ahora empieza también una regeneración dentro del partido socialista, con la vista puesta en las primarias para conocer quién será el candidato a la presidencia. Una vez resuelta esta lucha, todo el partido deberá de trabajar unido para avanzar en una misma dirección, teniendo que superar la difícil prueba de recuperar la confianza de sus votantes, que como en anteriores momentos históricos han castigado los errores del PSOE. Curioso dato este, ya que a pesar de la arrolladora victoria popular, sólo han aumentado en 500.000 votos desde hace cuatro años, una cifra no muy grande aunque importante. Logrando mayorías absolutas más amplias que en la última legislatura, precisamente en lugares como Madrid y Valencia, donde los imputados por corrupción que se encontraban en las listas han centrado el debate electoral, pero que aún así han consolidad su candidatura.

Esto nos deja a un país realmente dividido. A los que critican la manera de hacer las cosas, los que respetan la ley y se rebelan contra quien la infringe, que cuando el partido en el poder comete errores es sancionado el día de las elecciones, ya sea votando nulo, en blanco o a partidos minoritarios. Sin embargo, existe otra mitad del electorado que no le importa que su presidente de comunidad haya cogido dinero de las arcas públicas para gastarlo a su antojo, que revalidan a los corruptos y no castigan los errores. Unos seguidores que haga lo que haga el PP siempre van a votarle.

Con todo esto, al PSOE sólo le queda intentar volver a dar un giro a la izquierda, donde poder consolidar a todos esos votantes cansados de políticas conservadoras, que son atípicas del grupo socialista. El gobierno no ha sido fiel del todo a sus principios, ya que pesar de promover un gran número de medias sociales para los menos desfavorecidos, en los momentos decisivos no ha sabido tomar la decisión más afín a sus ideas. De cara al próximo año, sea quien sea el candidato a la presidencia del PSOE, deberá de tener muy presente el descalabro  sufrido este 22-M y, encontrar medidas urgentes para volver a recuperar la confianza perdida y su lugar en el panorama político.