El secreto de mi turbante, un libro realista, solidario y con coraje

El libro narra la historia real de una niña afgana de 10 años, que renunció a su identidad para salvar a su familia, adoptando la identidad de su hermano asesinado, durante 10 largos años de engaños y mentiras. Este libro que ha sido escrito por Nadia Ghulam protagonista real y víctima inocente, y Agnès Rotger escritora, periodista y editora, es el primer proyecto literario para ambas.

Ariadna Antón.

La historia se desarrolla en Afganistán, país muy complicado debido a la guerra, el régimen talibán,… Con solo ocho años Nadia ve como una bomba destruye su casa, su rostro y su vida, y la condena a dos años de hospital.  Más tarde, con 10 años tiene que renunciar a su infancia y a su identidad para salvar a su familia. Para ello se verá obligada a quitarse el pañuelo y ponerse el turbante. Durante 10 años se hará pasar por su hermano muerto Zelmai y se hace responsable del sustento familiar.

Vivirá escondida bajo un turbante rodeada de engaños y mentiras. Y siempre con el miedo de que un talibán pudiera descubrir su secreto. Gracias a su falsa identidad Nadia-Zelmai conseguirá trabajo en el campo y podrá acceder a campos que le son prohibidos a las mujeres como estudiar, ir a la mezquita o salir con amigos.

A través de su relato conoceremos cómo es la vida cotidiana en un país en una interminable guerra civil, en un país dominado por la intolerancia y sin libertad.

Una vida de soledad, de sufrimiento y de trabajo sin descanso hasta que con 21 años viaja a España a través de una ONG. Aquí le reconstruirán su cuerpo dañado por la bomba y  le abrirán las puertas de lo que será su nueva y deseada vida: la de una joven que recuperará la libertad y se dedicará a lo que siempre ha soñado: estudiar.

En Nadia se ven reflejados grandes valores como el coraje y la valentía. «Amo a mi país, para mí es el paraíso. Aprenderé cosas aquí y luego volveré a ayudar a los afganos», afirma la protagonista.

Nadia sentenció que siempre ha luchado por su libertad y eso lo conseguía siendo un hombre en Afganistán pero dejo claro que la vida de un hombre allí tampoco es fácil.

Por su parte, la escritora Agnès afirmo, “No conocía nada de este país, como muchas personas de occidente, tenemos una idea equivocada de este país. Nadia se encargó de informarme y hasta después de 4 meses de conversaciones con Nadia, no pude empezar a escribir.”

Un libro testimonio que engancha, te solidarizas con la víctima, te identificas, tiene todos los ingredientes para conmover los corazones. Historia verídica 100% donde las haya, contada por la propia protagonista real.

Los Príncipes, preparados para reinar

Carmen Enríquez y Emilio Oliva son dos periodistas con una larga trayectoria. En el caso de Carmen,  su vida laboral ha estado vinculada a TVE, mientras que la de Emilio se ha desarrollado en la agencia EFE. Ambos tienen en común haberse dedicado, durante un tiempo, a la información de la Casa Real. Carmen, escribió “Tras los pasos del Rey”. Ayer se presentaba Los Príncipes, preparados para reinar. 
 Rosa Mª Mateos.
Escucha aquí la entrevistaLos Principes

 Carmen Enríquez y Emilio Oliva son dos periodistas con una larga trayectoria. En el caso de Carmen,  su vida laboral ha estado vinculada a TVE, mientras que la de Emilio se ha desarrollado en la agencia EFE. Ambos tienen en común haberse dedicado, durante bastante tiempo, a la información de la Casa Real. Carmen, escribió Tras los pasos del Rey .
 Ayer se presentaba Los Príncipes, preparados para reinar. Se trata de un documento en el que se ha contado con fuentes de distinta índole como políticos, diseñadores, amigos de la pareja, trabajadores de la Casa Real, así como profesores, periodistas, etc. Es cierto que no hay ningun voz de los protagonistas ya que  es conocida la reticencia que se tiene en la Casa Real para estos asuntos, pero la amplía documentación de esta obra la hace muy fidedigna.
Ya desde las primeras páginas se intuye que la Casa Real debe cambiar la comunicación para que los españoles conozcan mejor el trabajo que desempeña la pareja que está llamada a la sucesión de  don  Juan Carlos y doña Sofía.  Así como en su día los Reyes tuvieron el cometido de viajar por toda España para hacerse conocer, ahora les toca a ellos, pero se ha de tener en cuenta el cambio que se ha producido en los medios de comunicación.
Los Príncipes, prepados para reinar nos acerca a una pareja cercana, comprometida y con complicidad. Una pareja, que según la mayoría, gana en las distancias cortas, preparada para el futuro que les espera, tal y como ellos afirman, «para servir a España» pero también vamos a conocer su vida privada.

Ramón Buenaventura: “El que quiere escribir tiene que leer”

Me esperaba en su casa a las seis de la tarde, el sol aún ardía mucho a esas horas. Después de un par de autobuses que me llevaran hasta Pozuelo de Alarcón, logré llegar con algunas desventuras que me hicieron arribar al poblado una hora después de la prevista. Ramón Buenaventura tuvo por bien recogerme en la parada del bus para no perder más tiempo.Llegando a su casa, unas hojas secas de árbol viejo me dieron la bienvenida, ya dentro me dijo que me sentara donde quisiera, me ofreció una bebida la cuál rechacé porque deseosa estaba por empezar la plática. Le sorprendió mucho el aparato que llevaba conmigo para registrar el evento (un Ipod), desconfió de su efectividad, así que en su ordenador grabó también la entrevista.Ramón Buenaventura es un hombre muy sencillo e interesante, que abre las puertas de su experiencia a todo aquél que quiera conocerla.

Kenia Pérez Sandoval

 

P. Ramón te conocí cuando impartías el Taller de Lectura dentro de la Cátedra Carmen Posadas de la que eres director en la Universidad Europea de Madrid,  Empecemos por ahí, ¿qué te ha dejado ese contacto con la comunidad universitaria?

 
R. No podemos hablar en pretérito, llevo en contacto con la comunidad universitaria más de veinte años y por otra, parte mi contacto con la Universidad Europea de Madrid no ha cesado, vamos a seguir en los años siguientes. ¿Qué me ha dejado? Pues no sé lo que me dejará cuando lo termine, por el momento puedo decir que es muy interesante estar en contacto con los universitarios; al fin y al cabo con la gente de la universidad, no sólo los universitarios, sino también los profesores, que al final son las fuerzas vivas culturales del país y son las que están marcando el presente y van a marcar el futuro en gran medida. Aunque a partir de cierta edad, a uno, el futuro le empieza a interesar cada vez menos, pero de todas maneras el hombre siempre tiene esa tendencia a interesarse por lo que va a pasar y claro, el contacto con la gente joven es indispensable en algún sentido.

P. ¿Qué inquietudes y aptitudes notaste en los universitarios?

R. Hombre, es difícil que un profesor capte verdaderamente las inquietudes y las aptitudes de sus alumnos, porque los alumnos disimulan todo el tiempo, los alumnos lo que intentan es transmitirle al profesor que tienen una gran inquietud por la asignatura del profesor que la imparte, entonces yo no sé cuáles son vuestras verdaderas inquietudes. No parecía haber una gran inquietud literaria pero es que en este momento, la inquietud literaria es un bicho muy raro en la sociedad en que vivimos, en todos los países, no solo en España. Realmente la parte de la creación está cubierta por otras muchísimas actividades que compiten por el tiempo de ocio porque al fin al cabo el tiempo literario es un tiempo de ocio y en el tiempo de ocio hay en este momento muchas más cosas de las que hubo nunca, la imagen, el vídeo, el cine, chats, los blogs, facebook que está invadiendo la vida privada de todo mundo, entonces leer no es precisamente lo que está de moda, tampoco la conversación. Sealtiel Alatriste que dirigía Alfaguara en México decía siempre: “hay que poner el libro en la conversación” eso lo decía desde el punto de vista del marketing, pero hoy en día el libro se ha apartado casi por completo de la conversación, no hablamos de libros, no nos interesa, el libro ya no sirve ni para ligar, antes la gente leía para ligar hoy en día ya no sirve ni para eso.

 

P. Recuerdo que en el taller comentaste que esta generación no leía, pues no existe el tiempo necesario para hacerlo, ¿cómo afecta esta falta de tiempo o de interés en la lectura, para los futuros escritores?

R. El Telegraph hace un par de meses publicó una serie bastante larga de artículos, en los que un número considerable de escritores respondía a la pregunta: ¿qué consejos daría usted a los jóvenes escritores o al que quiere escribir? A mí me hizo mucha gracia el primer consejo que daba Sally Smith, que es una escritora británica, creo lo mejor que ha surgido en los últimos años en el campo literario. El primer consejo que ella daba era: de pequeño leer mucho, claro, pero ese consejo dado a una persona de veinte años es completamente inútil, lo malo que ese sigue siendo el único consejo válido para un escritor, si quieres escribir tienes que leer. Y para leer, hay que leer cuando es el momento de leer, es decir, en la juventud, cuando uno es pequeño, cuando uno tiene una infinita cantidad de tiempo libre y una infinita cantidad de curiosidad lanzada hacia el conocimiento. La curiosidad se va reduciendo y el tiempo libre también se va reduciendo, claro que no tener tiempo libre es una excusa, algún tiempo libre siempre hay, lo que pasa que el tiempo libre en vez de gastarlo en leer, lo gastas en tu vida social o en ir al cine o lo gastas en tantas otras cosas, lo cual me parece muy bien, no lo estoy criticando pero evidentemente no es que te falte tiempo para leer, yo seguramente estoy mucho más ocupado que tú y sin embargo sigo leyendo, y no es que tenga un mérito especial disfruto leyendo y ya está.

P. ¿Cuál fue tu primer contacto con la lectura, el más importante que recuerdes?

R. No puedo contestar esa pregunta, no hubo un primer contacto con la lectura porque el primer contacto con la lectura fue a través de mi madre cuando me estaba leyendo siendo yo pequeñísimo, en una cuna pintada de azul que teníamos en Tánger y me acuerdo perfectamente oyendo a mi madre que me leía Peter Pan entonces no puedo decir que es lo que determinó. Digamos que esa lectura de mi madre y esa lectura que yo fui adquiriendo independientemente a lo largo del tiempo, enseguida, porque aprendí a leer enseguida por supuesto tuvo su importancia, una importancia enorme pero no sabría decirte.

P. ¿Qué observas en las nuevas generaciones, qué les falta y qué les sobra?

R. A las nuevas generaciones les falta en general años, se tarda en madurar, se tarda en entrar en plena posesión del propio  talento, hay muy poca gente que entra en posesión del propio talento a los quince años, en toda la historia de la literatura quizá no haya nada más de dos o tres ejemplos, y estoy diciendo dos o tres por decir algo pero realmente en este momento al único que recuerdo es a Arthur Rimbaud que dejó de escribir a los diecisiete, dieciocho años y que escribió cosas extraordinarias a los quince, pero no es normal que se tarde en entrar en posesión del propio talento que haga aprender mucho, adquirir experiencia, la experiencia es vital. Al fin y al cabo escribir es transmitir y experiencia es permitir que los demás compartan la experiencia que nosotros hemos vivido o inventado, en la narrativa se inventa la experiencia, a partir de la propia experiencia, no se miente totalmente o si se miente totalmente se miente bien y se engaña a los jóvenes y se les hace creer que la experiencia es otra cosa pero tampoco me parece que esté muy bien.

P. ¿Cómo amenaza internet a la  literatura?

R. Internet no es amenazante, para nada, es una manera de representación de la vida y le es tan amenazante como es lo es la vida en general, ni más ni menos. Cuando se inventó el teléfono se aumentó enormemente la capacidad de la comunicación entre los seres humanos, eso sirvió para que los nietos pudieran hablar con los abuelos viviendo a enormes distancias y también sirvió para que la mafia organizara sus golpes por teléfono y sin ninguna causa de problemas, pues lo mismo le está pasando al internet, que nos sirve para muchas cosas buenas y también para potenciar, facilitar todo lo malo lógicamente, claro.

P. ¿Cualquiera puede hacer poesía?

R. No, la poesía la hacen los poetas, cualquiera puede hacer unos espantosos bodrios como poesía, pero buena poesía no la puede hacer cualquiera ni muchísimo menos, es una cuestión de talento pero hay que tener el talento poético, yo no digo que el talento poético sea superior  al talento de jugar a las cartas, tenis o al ajedrez, no es ni mejor ni peor.

P. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

R. No tengo ningún próximo proyecto, trabajo como siempre, hago mis traducciones, voy escribiendo lo que puedo y mantengo mi blog, me divierte mucho, conociendo gente.

P. ¿Qué le falta por escribir?

R. Siempre hace falta todo, lo que has escrito es netamente insuficiente. Si uno supiera lo que le falta por escribir se la pasaría todo el tiempo escribiendo preocupado por lo que le falta por escribir.  Yo creo que un escritor no tiene la sensación de lo que le falta por escribir, yo creo que tiene la sensación de lo que le falta por explicar a los demás según se va a aproximando la idea de la desaparición que a partir de cierta edad va creciendo en ti, la idea de la muerte la tenemos desde siempre pero va aumentando más el espacio en tu cabeza, según transcurre el tiempo y cuanto más te acercas a la idea de la muerte más te preguntas de qué manera podrías evitar el despilfarro de que todo lo que tienes en la cabeza desaparezca el día que te mueras. Transmitimos lo que podemos, todo no lo podemos transmitir.

P. ¿En qué momento decidiste dejar la vida de comodidad para dedicarte de lleno a la literatura, entiéndase como traductor o escritor?

R. Hubo un momento en el que yo era un alto ejecutivo y se me planteó una tesitura difícil de resolver porque yo era director para el sur de Europa de una multinacional y entonces me querían mandar a América o a México o a Buenos Aires, pero en aquél momento mis hijos acababan de nacer, acababa de comprar una casa, estaba empezando una vida completamente nueva, comenzando a vivir con mi actual mujer y la verdad no me apetecía en absoluto, además de eso había publicado mi primer libro que fue muy tardío, con treinta y ocho años. Esta  publicación me volvió un poco loco, era un libro de poemas y tuvo unas reseñas bastante buenas y yo llegué a la conclusión de que ya había resuelto mi porvenir literario, tan resuelto que ya podía dedicarme de lleno a la literatura, estaba completamente equivocado y lo pasé muy mal y me costó mucho trabajo sobrevivir.

P. ¿Cuál es tu recomendación a los jóvenes que aspiran a ser escritores?

R. Pues que se dediquen a otra cosa en principio, si lo que quieren es vivir del asunto. En general el que quiere escribir tiene que leer, pero hay una cosa que distingue al escritor de cualquier otra persona, el escritor escribe;  eso significa hoy en día mucha renuncia porque las tentaciones del ocio, de la diversión son extraordinarias demás hoy en día ha prevalecido la idea de pasarlo bien, divertirse parece ser una idea tan fundamental que yo supongo que cuando se es joven te puedes sentir culpable si en lugar de irte de juerga te pones a leer, no se puede escribir teniendo un vaso de vino en una mano y otro vaso de plástico en la otra, porque tienes las manos ocupadas.

Delibes, del periodismo integral a la literatura con mayúsculas

Mohamed Lemrini. Director de UEMCOM News

El mayor piropo que puede recibir el director de un periódico, es que uno de sus subordinados diga de él “… que dirigía la redacción con la elegancia de Von Karajan…”. Y, en este caso, director y subordinado era gente de armas tomar: Miguel Delibes y Manu Leguineche.

Junto a este último, Delibes contó en su redacción con Francisco Umbral, José Jiménez Lozano, José Luis Martín Descalzo, Javier Pérez Pellón, César Alonso de los Ríos y con Emilio Salcedo. Todos ellos espléndidas plumillas de las letras y del periodismo nacional, nacidos en la posguerra y criados a la sombra del franquismo cuando las libertades de opinión y de expresión se hallaban más que reprimidas ahogadas, pisoteadas constantemente por militares de mediana graduación, camisas azules y censores del régimen.

Si la vocación literaria de Miguel Delibes, como se cuenta, nació del estudio del manual de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues, del que decía que “leyendo a Garrigues aprenderán a valorar los objetivos y a escribir con frases justas”, su vocación periodística está íntimamente relacionada con su dedicación a la redacción de sucesos y necrologías, imprimiéndolas seguramente ese carácter de realismo social que tanto ha cultivado, después de haber intentado transformar este realismo, disfrazándolo con la utilización de la caricatura y el humor como armas periodísticas.

En el diario vallisoletano El Norte de Castilla ingresó después de haber pasado por la Escuela de Artes y Oficios y después de estudiar Derecho y Comercio, que le llevó a ejercer el negociado de valores del Banco Castellano, para terminar dedicándose a la docencia del derecho mercantil en la misma escuela donde su padre ostentaba la cátedra de Legislación Mercantil.

Pero el joven Miguel lo tenía muy claro. Nada de lo anterior, exceptuando el periodismo, había llenado su vida. Por ello, recogió sus bártulos y se trasladó a Madrid para estudiar periodismo en la Escuela Oficial, para volver a su ciudad natal a incorporarse como redactor de segunda en su antiguo periódico en 1944.

Delibes ocupó la subdirección del diario en 1952 para luego, seis años después, tomar las riendas del mismo como director hasta su dimisión en 1966 con la llegada de la Ley de Prensa de Fraga, que eliminaba la censura gubernamental previa y responsabilizaba a los directores de diarios y demás publicaciones del control de lo que publicaban; es decir que convertían a los mismos responsables en censores, ahorrándose los sueldos que les correspondería como tal.

Pero, efectivamente, no hay nada más humillante para la profesión periodística que le conviertan a uno en censor, aunque fuera de modo circunstancial. Y para eso, Delibes no estaba por la labor. Dimitió como director para nombrar a un subdirector en funciones, que continuó ejerciendo largos años, mientras Delibes, sin desvincularse del periódico, permaneció ahí muchos años bajo la sombra, inyectando dosis de ánimo, valentía y coraje a la redacción.

Su lucha contra la censura fue tan veraz como feroz, y lo que no podía publicar en su diario lo cambiaba y transformaba para publicarlo como libro, caso por ejemplo de Las ratas, Viejas historias de Castilla la Vieja, etc.

Hablando de Miguel Delibes sí que  puede uno decir que fue un periodista escritor, como un escritor periodista.