La Guerra anti Pulitzer

Los medios de comunicación juegan “su” partido antes del fin de semana, trayendo serias consecuencias en los protagonistas y muchas veces en la opinión pública. Se han dejado a un lado valores periodísticos para responder a intereses de “pesos pesados”
Cristhian Taramasco
Desde 1917, los estudiantes de periodismo tienen una razón más para soñar. Joseph Pulitzer, antes de morir, dejó en su testamento unas pautas que invitaban a la excelencia del ejercicio del periodismo, la literatura, el teatro y la educación.
Abril ha sido el mes elegido, a excepción del primer año, para entregar ininterrumpidamente el premio a los más destacados de la profesión. Todos los periodistas en algún momento hemos soñado o soñaremos con ser reconocidos alguna vez por la Universidad de  Columbia, instituto encargado de otorgar el premio según la recomendación de un jurado.
En el periodismo deportivo parece que se acabaron los sueños desde hace muchos años, al menos en España. Ya escribir dejó de ser una pasión para muchos, para convertirse en inercia. Los valores aprendidos en la universidad son echados a la basura cuando nos toca sentarnos frente al ordenador luego de ver un partido. No se disfruta, no se entretiene. Divide, resta y ya los atletas y aficionados acompañan la “batalla” de los medios.
España siempre ha tenido los ojos en el fútbol y el fútbol, en estos momentos, los tiene puestos en España. Los deportistas nacionales ya lograron su cometido, algunos están en la cúspide y el periodismo sigue encaprichado en darles zancadillas.
Madrid y Cataluña son claro ejemplo de ello. La “Roja” está nutrida de jugadores del Real Madrid y del Barcelona, pero parece que la prensa es la que juega los partidos antes del pitazo inicial. Busca el más mínimo resbalón del equipo de la ciudad contraria. Eso no está mal, pero cuando se pretende sacar la varita “mágica” para exagerar y hasta inventar, para minimizar la realidad es cuando lo apropiado se convierte en pecado (valga la cacofonía). Ya el lector es testigo y cómplice de su estrategia. Claro, los medios no son los únicos culpables, también la llegada de algún que otro “general” vecino empeoró la situación.
El análisis ya es más subjetivo que nunca y defiende los intereses de los “pesos pesados”. El periodista es un robot que es controlado y lo sabe, pero hay otros factores que impiden que reaccione. Primero hay que comer.
Por más que no quieran, los verdaderos protagonistas también fueron arrastrados por la enorme ola y sólo por mediaciones, sentido común e intereses compartidos se ha mejorado la situación. Por más que lo intenten, ellos no tienen la cura para esta “enfermedad”. Nosotros la tenemos. Ellos son los protagonistas pero nosotros podemos “maquillar” la realidad. Pecado capital.
Javier Bauluz es el único español en recibir el premio Pulitzer. Su hazaña es muy complicada de igualar por periodistas deportivos, pero no debemos buscar igualarlo, sino buscar aprender de su trabajo, de su pasión, de la responsabilidad que tuvo en su foto-reportaje sobre Ruanda hace 17 años.
Pulitzer cumplirá dentro de un lauro un centenar de años enterrado. En nuestras manos está que los valores periodísticos y nuestros sueños no se vayan a la tumba.

El conflicto del Coltán

>> La fuerte presencia de grupos armados, la explotación ilegal de recursos minerales, el tráfico de armas, el reclutamiento de niños soldados, la violencia sexual, el odio étnico y el drama de miles de desplazados y refugiados forman parte del día a día de los congoleños. La República Democrática del Congo no es sólo escenario de un terrible enfrentamiento tribal; es también el campo de batalla de grupos rebeldes y distintas mafias de Ruanda, Uganda y Burundi, que se disputan el control de los principales yacimientos de diamantes, oro, petróleo, uranio y recientemente de coltán; un material que en poco tiempo ha pasado de ser una simple curiosidad mineralógica a un elemento fundamental en el avance tecnológico. El coltán no es un mineral propiamente dicho, es realmente la combinación de dos minerales, la columbita y la tantalita que por sus capacidades eléctricas constituyen una pieza clave en la fabricación de dispositivos electrónicos cada vez más pequeños. Casi un 80% de las reservas mundiales de coltán se encuentran en la República Democrática del Congo, un regalo de la naturaleza que ha beneficiado solo a unos pocos en detracción de la libertad y el bienestar de la mayoría. Según diversos informes de la ONU,  los ingresos por la explotación del mineral se han utilizado para financiar distintos bandos de la conocida como “Segunda Guerra del Congo”. Este conflicto perpetrado y fomentado por guerrillas y grupos rebeldes de dentro y fuera del país, ha dejado un saldo aproximado de cinco millones de muertos, el mayor número de muertes desde la segunda guerra mundial.

Vanessa Massimini 08/02/2010

 EEUU, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajistán. Mientras uno de los más “privilegiados” países por su riqueza natural se sume en la más terrible pobreza, los principales traficantes: Ruanda y Uganda, se benefician de planes de cooperación con potencias de occidente y gozan de privilegios como la condonación de parte de su deuda externa. Esta es una guerra dispar en todos los ámbitos, en un lado se encuentran Ruanda, Uganda y Burundi con el apoyo de grandes potencias, el FMI y el Banco Mundial , en otro bando se encuentran Angola, Namibia, Zimbaue y Chad, y en el medio la RDC. La explotación del coltán ha repercutido en diferentes dimensiones: ha estimulado conflictos armados entre facciones locales, ha esclavizado a los trabajadores que extraen el mineral y ha destruido el hábitat de varias especies de animales en peligro de extinción. La guerra es una realidad en esta región mientras los países más desarrollados por comodidad, ignorancia o conveniencia continúan impasibles con la utilización del coltán (proveniente de las zonas en conflicto) para enriquecerse con sus teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, videoconsolas, ordenadores portátiles, PDAs, MP3… Está claro que el mundo no puede dejar de un lado el imparable desarrollo tecnológico pero nuestro deber es buscar alternativas a un material de tan dudosa procedencia o establecer controles más efectivos que aseguren una obtención lícita del coltán.
Señalados con nombre y apellido

Yacimiento de Coltán

Informes de las Naciones Unidas señalan que el Ejército Patriótico Ruandés lleva a cabo tareas de extracción venta y distribución del coltán hacia importantes empresas de occidente. Este ejército explota a la población congoleña para obtener el mineral y de allí lo pasan a Ruanda donde es tratado y preparado para exportar a sus principales compradores: empresas situadas en

A pesar de que muchas empresas han optado por comprar coltán de otras regiones por la dificultad de identificar el mineral adquirido mediante contrabando del explotado legítimamente; algunos países no solo compran sino que también facilitan el contrabando y la financiación de guerrillas. El IPIS (Internactional Peace Information Service), Servicio de Información para la Paz Internacional ha realizado un detallado estudio sobre las vinculaciones de empresas occidentales en la financiación de la guerra en RDC a través de la compra de coltán.

El monopolio de esta actividad está en manos de la compañía Somigl (Sociedad Minera de los Grandes Lagos), una empresa mixta de tres sociedades: Africom (belga), Promeco (ruandesa) y Cogecom (surafricana). Según una investigación del Pole Institute publicada en 2002, la Somigl pertenece en un 75% al movimiento rebelde Reagrupación Congoleña para la Democracia (RCD), obteniendo así más poder para continuar con esta guerra. El propio presidente de la RCD, Adolphe Onusumba, ha reconocido los enormes beneficios que reciben al vender coltán al somigl: “Con la venta de diamantes ganábamos unos 200.000 dólares al mes. Con el coltán llegamos a ganar más de un millón de dólares al mes”.

El conflicto en la República Democrática de Congo continúa, aunque poco se oiga hablar de él. Otro conflicto olvidado.